Sin rumbo

Los cielos y la tierra manchados de carmín en el atardecer, mudos testigos del nuevo comienzo, mantenían la calma. El camino largo y sinuoso parecía prometer el recibimiento de los héroes, lo que mitigaba el dolor de la pérdida de Silog. La aldea de Minos era la más cercana, allí sin duda podrían descansar y con un poco de suerte dormir hasta pasada la hora del alba.

Ahora ellos van en busca de su destino. Los legionarios, hombres y mujeres que regresan triunfantes al castillo del rey Auris el centro del reino de Armesis. Heridos, empolvados, cansados, tristes por los compañeros perdidos para siempre, pero felices por la luz de día, que nuevamente ilumina su camino como no lo había hecho en los muchos días que duró la lucha...