La fiore

Dejaron un pan en la mesa,

mitad quemado, mitad blanco,

pellizcado encima y abierto

en unos migajones de campo.

Me parece nuevo o como no visto,

y otra cosa que él no me ha alimentado,

pero volteando su miga, sonámbula,

tacto y olor se me olvidaron.

Huele a mi madre cuando dio su leche,

huele a tres valles por donde he pasado:

a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,

y a mis entrañas cuando yo canto.

Otros olores no hay en la estancia

y por eso él así me ha llamado;

y no hay nadie tampoco en la casa

sino este pan abierto en un plato,

que con su cuerpo me reconoce

y con el mío yo reconozco.

Se ha comido en todos los climas

el mismo pan en cien hermanos:

pan de Coquimbo, pan de Oaxaca,

pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía

forma de sol, de pez o de halo,

y sabía mi mano su miga

y el calor de pichón emplumado...
 

Gabriela Mistral

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